28 de julio de 2010

Aprendí que la gente siempre, siempre cambia y cuando esa gente es amiga más se siente y muchas veces esos cambios duelen.
Aprendí que hay que aceptar que los demás cambien y aunque muchas veces se alejen, mientras tanto, debo aferrarme a los me siguen acompañando.
Aprendí que mi Fe nunca va a estar constante, que es un camino de búsqueda que baja y que sube, y que esas bajadas y subidas dependen mucho de mi y de mi estado de humor, con que enfrento la vida.
Aprendí que uno tiene que acostumbrarse a estar bien, porque si se acostumbra a estar mal, cuesta mucho sacar ese "mal" cotidiano, y cuando ya no hay problema por el cual estar mal, la costumbre sigue y el mal se hace eterno y permanente.
Aprendí que aún así teniendo muchas cosas buenas, siempre tendemos a fijarnos en las malas, y que esa mala que pasó tapa a las ochenta millones de cosas lindas que tenemos en la vida.
Aprendí que no quiero que el mal de los problemas tape mis buenas cosas de la vida.
Aprendí que mis días tienen que ser únicos, y que con tantos cambios cada vez me cuesta más que eso sea así.
Aprendí que no le tengo que buscar a todo el "por qué", sino que me tengo que relajar, para que la respuesta llegue sola.
Aprendí que la tristeza muchas veces predomina por mis noches y que para sacarla sólo tengo que pensar en Papá.
Aprendí que la familia es la que siempre siempre siempre está y por nada en el mundo te deja, y que si bien yo trato mal a esa familia, ella es la que nunca me dejó caer.
Aprendí que tengo que valorar a esta linda familia que me tocó, porque ella es la que me conoce de pies a cabeza y aún así cuando el mundo estuvo en mi contra, ella fue la que se unió a mi para darme fuerzas.
Aprendí que si bien estoy triste, tengo que seguir confiando en Jesús.
Aprendí que la única persona que no veo y más creo es Jesús, y aprendí que mi vida sin Él no tiene rumbo ni sentido.
Aprendí que cuando no lo busco, no soy yo, y en estos momentos de cuelgues es cuando más lo necesito.
Aprendí que hacerme la sorda y la ciega a muchas cosas sólo sirvió para hacerme más mal a mi.
Aprendí que tengo que cambiar.
Aprendí que cuando no confío en nadie en Jesús puedo seguir confiando.
Aprendí que la vida es un ida y vuelta, aunque muchos no lo crean así.
Aprendí que el tener miedo no está mal y que ese miedo es el que después te hace valiente para enfrentar diversas situaciones de la vida.
Aprendí que de todos los errores, momentos malos, algo siempre se aprende.
Aprendí que de las peleas, siempre después puede haber una reconciliación y ésta puede ser más que gratificante.
Aprendí que para ser feliz uno tiene que empezar proponiéndoselo, sino no empieza así jamás lo va a ser.
Aprendí que todo lo lindo y feo de la vida depende de uno, y depende en qué lugar ubique lo "bueno" y "malo".
Aprendí que aunque hoy no tengo ganas de nada, quiero seguir aprendiendo.
Aprendí que quiero crecer como persona, quiero saber valorarme y valorar cada día a los demás un poco más.
Aprendí que casi todos los chicos son iguales, de 5, dos son distintos, todos los demás tienden a mentir, engañar y tratar a una mujer como una cosa.
Aprendí que no está mal a querer a un chico que es igual que todos, porque tarde o temprano, sigo aprendiendo más y saber en quién realmente confiar con el tiempo.
Aprendí que si me pongo caretas en un lado ejemplo gimnasio, después esas caretas se me van formando cada vez más y no sólo en el gimnasio, sino en varios aspectos de mi vida.
Aprendí que no quiero eso para mi vida, quiero ser yo y nada más.
Aprendí que la sinceridad duele, pero es la que más ayuda para seguir adelante.
Aprendí a que si bien me siento sola, sé que no lo estoy.
Aprendí tantas cosas, y sigo aprendiendo otras tantas, pero lo que más hoy sé que aprendí es que quiero seguir adelante, quiero luchar y quiero que las ganas de todo me vuelvan y que nunca es tarde para seguir intentando y cambiando para mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario