29 de enero de 2011

Tú fuiste quien me enseñó la ternura de la vida, mi Portuga querido. Hoy soy yo el que tiene que distribuir las bolitas y las figuritas, porque la vida sin ternura no vale gran cosa. A veces soy feliz en mi ternura, a veces me engaño, lo que es más común.

En aquel tiempo... En el tiempo de nuestro tiempo, no sabía que muchos años antes un Príncipe Idiota, arrodillado frente a un altar, preguntaba a los iconos, con los ojos llenos de lágrimas:
¿POR QUE LES CUENTAN COSAS A LAS CRIATURITAS?"
Y la verdad es, mi querido Portuga, que a mí me contaron las cosas
demasiado pronto. ¡Adiós!



El epílogo lleva el sello del dolor: el pequeño Zezé tuvo que conocer muy pronto cuán cruel y dura es y puede llegar a ser la vida de un niño pobre, ha descubierto el dolor y se vuelve tempranamente adulto. Luego se desconsuela mucho, al enterarse que Minguito, su planta de naranja lima, es cortada.

A veces cuando la ficción se convierte en realidad que triste que puede ser todo.



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